A que se refiere usted con la palabra libertad?

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El concepto de libertad de la mayoría del público está relacionado con la huida de las limitaciones que nos imponen las circunstancias de la vida. Erróneamente, creemos que la libertad es superar la opresión: el preso quiere liberarse de la cárcel; el esclavo, de su amo; el deprimido, de su tristeza; y el enfermo, de sus dolores. Pero libertad no es lo mismo que emancipación o independencia, aunque el diccionario los presente como sinónimos. La emancipación es liberarse de algo o reaccionar a algo. Sin embargo, la libertad no consiste en una reacción escapista; no puede depender de nada. También hay quienes viven escapando de la libertad por temor a aceptar la responsabilidad que esta implica; se conforman con solo imaginar la libertad, culpando a otros por su opresión. 
La liberación de la esclavitud nace desde esclavitud y, por lo tanto, es parte integral de esta. Su existencia depende de la esclavitud y no está exenta de opresión. Lo mismo ocurre con la liberación del hambre o de un dolor de muelas. Esta libertad constituye solo un deseo de cambiar una situación que detesto por otra que me agrada; cambiar condiciones incómodas por otras que me prometen una mayor comodidad. Se trata de una mera reacción hacia aquello de lo cual me quiero liberar; no está dirigida a la libertad, sino hacia determinadas circunstancias. La liberación de la pobreza no está relacionada con la libertad sino con el dinero. La liberación de la enfermedad no tiene ninguna relación con la libertad, sino con los remedios, el dolor y el hospital; y la libertad de la esclavitud, con los grilletes y la celda. 
En su ensayo Dos ideas de libertad, Isaiah Berlin propone una diferencia entre la libertad negativa y la positiva, ambas claramente reflejadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La negativa es ‘libertad de algo’, es decir, la ausencia de obstáculos para la acción. La positiva es ‘libertad para algo’, la posibilidad de tomar decisiones conducentes a la acción. La libertad positiva está relacionada con el logro de nuestras metas o propósitos. 
La idea de libertad de la mayoría de los seres humanos se remite  a estas dos clases: la libertad negativa o positiva; la libertad de algo y la libertad para hacer algo. La primera está relacionada con el pasado y la segunda con el futuro. Sin embargo, ambas son solo reacciones psicológicas y meras emancipaciones superficiales; van en busca de nuestras propias proyecciones mentales, pero no de la realidad. La libertad total no puede concebirse desde las limitaciones de la mente, sino únicamente al trascender el contenido mental. 
Por lo tanto, nuestro raciocinio no es más que una respuesta de este condicionamiento, de la acumulación de experiencias en nuestra memoria. De tal manera que el pensamiento está indefectiblemente encadenado a dicho bagaje de experiencias. 
No estamos libres de nuestra limitación psicológica. Según Carl Marx, la estructura económica de la sociedad capitalista define nuestra manera de interpretar el mundo. Como víctimas de esta ‘falsa conciencia de clases’, necesariamente interpretamos el mundo desde el ángulo determinado por nuestra clase social. Marx creía que la única manera de deshacerse de las limitaciones de dicha perspectiva y ser libres era comprender el materialismo dialéctico y adoptar el socialismo, lo cual es por supuesto muy discutible. En realidad, la libertad política no existe porque adquiere sentido solo en relación a otros. Diferentes movimientos políticos han tratado de imponer su propia concepción de libertad, terminando en regímenes totalitarios y opresores. Si nos quedamos completamente solos en el desierto, una maleta con diez millones de dólares no nos ayudará a incrementar nuestra libertad.    
Somos seres condicionados, no solo por el capitalismo sino por la sociedad, con todo lo que esta implica. Asimismo, es indiscutible que carecemos de la libertad psicológica imprescindible para acceder a la realidad. Expresiones como ‘libertad de pensamiento’ o ‘libertad de culto’ no son más que estímulos verbales que activan nuestro condicionamiento. Todas nuestras ideas y conceptos acerca de otros seres humanos, el mundo, la vida, y por ende, la libertad, provienen desde nuestra limitación psicológica. Solo el trascender de dicho condicionamiento permitirá la percepción objetiva de la realidad; y sin una percepción clara de la realidad, es imposible aspirar a la libertad. 
La auténtica libertad posee existencia propia; es independiente de todo y carece de una causa o motivo. La libertad absoluta simplemente es. El término moksha significa en sánscrito ‘liberación’. Quien aspira a la liberación es denominado mumukshu; es aquel que anhela la libertad auténtica, aquella que florece desde la conciencia.
La verdadera libertad no es física, mental, económica o sexual. La auténtica libertad no pertenece a la realidad objetiva, temporal y, por ende, ilusoria. La libertad es subjetiva y pertenece a la conciencia eterna e infinita. Ya que es una cualidad intrínseca a nuestra realidad, la libertad no puede ser quitada ni otorgada; es inherente a nuestra verdadera naturaleza. Nada ni nadie externo puede liberarnos o someternos. En realidad, no poseemos la libertad de renunciar a la libertad. Es posible oprimir el cuerpo o la mente, pero la conciencia no puede ser limitada. La meditación es la única oportunidad de reconocer la libertad sin limitaciones de ningún tipo. Solo en las profundidades de nuestro interior, somos libres del cuerpo, la mente, las emociones y de todo lo que creemos ser. Esto lo señala el Nuevo Testamento (Juan, 8.32): «Y conocerán la Verdad, y la Verdad os hará libres.»
Ausencia de libertad significa falta de conciencia. Somos libres en la medida en que somos conscientes. Dicha libertad no es ‘de algo’ ni ‘para algo’, sino que ser simplemente lo que somos. La libertad consiste en el retorno al estado de conciencia pura original. Nuestra autenticidad es libertad, que es la divina fuente y origen de toda virtud. 
Cuando trascendemos lo relativo, se revela lo absoluto; cuando vamos más allá de lo falso, se devela lo real; al trascender lo ilusorio y temporal, se reconoce la verdad; y al dar un paso más allá de nosotros, se descubre la libertad. Solo el reconocimiento de la Verdad nos permite trascender las cadenas de la ilusión y realizar la libertad.