Buscador espiritual

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El buscador material está motivado por la ambición de satisfacer deseos como dinero, honor o fama. El buscador religioso dogmático se esfuerza por lograr a Dios, el paraíso o la iluminación. Considero un verdadero buscador espiritual a quien cuestiona todo, incluso la búsqueda y la esencia del buscador. 
La vida de los buscadores materiales se rige por el anhelo de saciar sus deseos: riqueza, posición, respeto, poder y tantos otros. Viven esforzándose por obtener placer, disfrute y felicidad. Esta persecución los desconecta de la realidad ya que su vida se vuelve una proyección constante de sueños. Sus ambiciones los jalan en múltiples direcciones y los condenan a un estado conflictivo. Esta disputa interna se refleja también en su relación con el mundo y sus semejantes. Por eso, al buscador espiritual no le interesa saciar deseos, sino entenderlos. No intenta satisfacerlos ni reprimirlos, porque incluso la intención de eliminarlos es un deseo. Sabiendo que es imposible trascender lo que uno no ha comprendido, se dedican a observar y examinar sus deseos. 
La búsqueda espiritual comienza cuando comprendemos que los deseos conllevan frustración. Notamos que por muy exitosos que seamos, al final nuestros logros deberán ser abandonados. Vemos que mientras el deseo esté presente en nosotros, seguiremos proyectando anhelos egoístas sobre la vida. Notamos que nuestras ambiciones cohíben la observación, obstruyen el acceso a la realidad y nos impiden situarnos en el ahora. La indagación espiritual consiste en buscar la realidad o la Verdad. En lugar de correr a satisfacer demandas y exigencias egoístas, el buscador espiritual se investiga a sí mismo, sus ambiciones y anhelos, e incluso las motivaciones de su búsqueda. 
El buscador material sueña con alcanzar lo lejano, aquello de lo cual carece. Su búsqueda parte de una sensación de falta. Por su parte, el buscador espiritual aspira a reconocer lo que tiene; quiere tomar conciencia de lo que ya es… y percibirlo tal como es: una diferencia sutil pero abismal. Comprende que la vida superficial carece de sentido. Se percata de la futilidad de reducirla a nacer, dormir, protegerse, comer, procrearse y morir. Se resiste a verla como un pasaje de la sala de partos y al cementerio, sin evolución alguna. Al tomar conciencia de la realidad inconstante, descubre que su vida no es más que un fenómeno ilusorio.
La búsqueda puede nacer solo al enfrentar las miserias de la vida. Tres paseos por la ciudad le bastaron al Buda, para percatarse del sufrimiento terrenal que se le había ocultado detrás de las cerradas paredes del palacio. Fue durante dichos paseos que notó que el disfrute y el placer mundano son triviales. Después de reconocer lo negativo, emprende la búsqueda por lo positivo. Es entonces cuando Buda abandona el palacio en pos de la felicidad real o la dicha absoluta. 
La búsqueda de la Verdad nos ha apasionado a lo largo de la historia. Desde esta pasión, nacieron obras como la biblia, el Corán, los upanishads, el Zend Avesta, el Tao Te Ching y el Dhamapada. Profundas teologías y filosofías surgieron de ellas, pero también religiones dogmáticas, creencias ciegas y fanatismos. Los buscadores religiosos desean experimentar a Dios o la iluminación; van por la vida con ansias por luces, aperturas de chakras y paraísos. Pero toda búsqueda por satisfacer deseos es material. Mientras se esfuercen por consumar sus sueños, la codicia estará presente y permanecerán enredados en la ilusión. En el tesón por saciarla sus ambiciones, se asemejan a perros persiguiéndose su propia cola: mientras más rápido corren, más ligero sus colas se alejan. En lugar de buscar las propias ideas sobre Dios, es preferible tratar de tener una experiencia directa. La verdadera búsqueda espiritual es existencial y no dogmática.
Si nuestros esfuerzos están dirigidos a obtener a Dios y la iluminación, nos quedaremos solo con mitos y dogmas en las manos. La búsqueda debe comenzar explorando justo en el lugar donde estamos. Si eres una mente, obsérvala y estúdiala. Comienza por investigar el ego. En lugar de condenar los pensamientos, cuestiónalos. En vez de reprimir los deseos, conócelos. No indagues si Dios existe, cuestiónate tu propia existencia. Si comienzas por el principio y no por el final, podrás emprender un verdadero proceso evolutivo de transformación. 
Cuando la persecución de deseos se supera, la búsqueda espiritual se simplifica en gran medida. Toda dificultad en la meditación es un síntoma que la primera fase fue superada aún. Solo al liberarnos de deseos, dejamos de orientarnos hacia el futuro para situarnos en el presente. Los deseos están en el mañana, mientras que la Verdad es el ahora. Sin superar el deseo, es imposible despertar a la realidad. Trascenderlo es ir más allá del pensamiento y eso es meditar. Solo en ausencia de deseos, toda actividad mental y emocional se detiene, y podemos sumergirnos en las profundidades de nuestro interior. Situarnos aquí y ahora es despertar a lo que es, tal como es. En el presente, la iluminación se revela como una consecuencia natural.
La iluminación no es complacer un anhelo, sino la inevitable consecuencia de haber ido más allá de la mente. El sendero espiritual no consiste en agregarnos lo que nos falta, sino deshacernos de lo que nos sobra. Al cumplir los deseos, obtenemos más, conseguimos, adquirimos y  poseemos más. Solo si emprendemos la búsqueda hacia nuestro interior, aligeramos nuestra pesada carga egoica.
El ego es falta de conciencia, mientras que la búsqueda espiritual consiste expandirla. En lugar de luchar para erradicar el ego, debemos tratar de ampliar la conciencia. La trascendencia del ego es sinónimo de conciencia plena. 
Solo buscándonos es posible perdernos, disolvernos, vaciarnos. La ola es el aspecto individual del mar; el mar es el aspecto oceánico de la ola. Examinando los componentes de una gota, comprenderemos el océano. Asimismo, si comenzamos analizando nuestro aspecto individual, terminaremos accediendo al divino. Investigando en lo personal, accedemos a lo universal. Observando la parte, comprenderemos el Todo. La búsqueda espiritual es solo un esfuerzo por crear la situación apropiada. Cuando las condiciones sean las propicias, notaremos que la Verdad, la iluminación y Dios ya están ahí… justamente donde estamos.