Devocion

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#5606

La devoción es la más depurada expresión del amor; es el amor en su absoluta pureza. Mientras que un romance ocurre entre personas, la devoción es amor por la existencia. En la más profunda intimidad, se evaporan todos los límites que nos separan de la vida. Se esfuman las fronteras que nos hacen sentir ‘alguien’ diferente del Todo. En esta divina historia de amor, se desvanece toda sensación de ‘yo’ y ‘mío’, y nos fusionamos con la vida entera. La devoción es amor, pero no solo físico, mental o romántico, sino espiritual; no se expresa a través del cuerpo, la mente o los sentimientos, sino que procede desde lo más profundo del alma. Al experimentarla, se diluye toda diferencia entre el amante y el amado, entre el sujeto y el objeto. Krishna dice:

man-mana bhava mad-bhakto
mad-yaji mam namaskuru
mam evaisyasi satyam te
pratijane priyo ‘si me

 

Siempre piensa en mí, conviértete en devoto mío, adórame a mí y ofréceme a mí tu homenaje. De ese modo, vendrás a mí sin falta. Yo te prometo eso, porque tú eres mi muy querido amigo. (Bhagavad-gita, 18.65)

Al igual que en un romance mundano, tu corazón responde a una mirada, a una caricia o a un beso. En la devoción, tu corazón vibra con la brisa acariciando los árboles, con la luna reflejándose en un lago o con la fragancia de las flores. Tu alma se agita con el silencio del bosque o el canto de los pájaros. Dondequiera que mires, reconocerás la magia, el misterio, el secreto divino. Le escucharás en el silbido del viento, en el sonido de las olas y el eco de los ríos. Lo percibieras en la fragancia de la tierra después de la lluvia y en el aire salado del océano. 
La devoción se desarrolla gradualmente de tamásica a rajásica, de rajásica a sáttvika, y por último de sátvica a trascendental. Krishna dice:

karmanah sukritasyahuh
sattvikam nirmalam phalam
rajasas tu phalam duhkham
ajnanam tamasah phalam

El resultado de la acción piadosa es puro y se dice que está en el plano de la modalidad de la bondad (sattva). Pero la acción que se hace en el plano de la modalidad de la pasión (rajas) termina en el sufrimiento, y la acción que se ejecuta en el plano de la modalidad de la ignorancia (tamas) termina en la necedad. (Bhagavad-gita, 14.16)

La devoción tamásica es solo sentimentalismo que crea confusión. La rájasica es apasionada e inquieta y crea fanatismo religioso. La sáttvica es pacífica, madura y tranquila; su naturaleza meditativa fomenta introspección. Por su parte, la devoción trascendental a las gunas es un regalo de la existencia que refleja la dicha y claridad del Ser. Asimismo, existen devotos tamásicos, rajásicos, sáttvicos y trascendentales; el devoto trascendental no se interesa ni siquiera por la liberación. Habiendo renunciado por completo a la iluminación, disfruta constantemente del néctar de la devoción. 
La devoción trascendental no puede ser remitida a un sistema de creencias. No nace de una teología, sino de las profundidades de nuestro interior. Se expresa en diferentes idiomas y tradiciones, pero no es patrimonio exclusivo de ninguna religión institucionalizada. La devoción es señalada en uno de los versículos más famosos de la Biblia: Ve ahavta et Ha Shem elohecha bechol levavecha uvechol nafshecha u ve chol meodecha: «Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas». (Deuteronomio, 6.5). También el Corán nos dice: «Di: Si verdaderamente amáis a Alá ¡Seguidme! Y Alá os amará y os perdonará los pecados». (Corán, 3.31) 
A través de la devoción logramos acceder a Dios. En el Bhagavad-gita se dice: 

bhaktyā mām abhijānāti
yāvān yaś cāsmi tattvataḥ
tato māṁ tattvato jñātvā
viśate tad-anantaram

A mí se me puede conocer tal como soy únicamente por medio de la devoción. Y cuando alguien es plenamente consciente de mí mediante esa devoción, puede entrar en el Reino de Dios. (Bhagavad-gita, 18.55)
El amor nos muestra lo divino, la devoción a Dios. Un corazón devoto conoce la verdad última de la vida. Es importante comprender la diferencia entre saber y conocer. Saber está relacionado con habilidades adquiridas o información memorizada: sabemos nadar, multiplicar, hablar italiano o portugués. Por su parte, conocer expresa familiaridad con alguien o algo. Conocer a Dios es muy diferente a conocer cualquier cosa en la vida. Por ejemplo, tu dentista conoce tu dentadura, tu cartero tu dirección, tu mecánico tu auto. Ellos pueden identificar tu rostro, pero ninguno te conoce realmente a ti. Asimismo, muchos religiosos claman conocer a Dios porque saben su dirección, su idioma y sus deseos e inclinaciones, pero solo conoces a alguien cuando lo amas

«Y el hombre conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido varón con la ayuda del Señor.» (Génesis, 4.1). La Biblia utiliza el término hebreo iada, o ‘conoció’ para referirse a una relación muy íntima. «Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones.» (Jeremías, 1.5). 

El devoto no sabe acerca de Dios, sino que lo conoce y su amor le permite desarrollar una íntima familiaridad él. Similarmente, sentimientos de respeto y entrega ayudarán al discípulo a desarrollar una relación íntima con su maestro; pero solo la devoción le permitirá una perfecta comunión con él. El devoto es la cúspide del discípulo.  
Solo un corazón rebosante de devoción conoce realmente la presencia de Dios así como un amante conoce a su amado. Su familiaridad con lo divino no está relacionada con conocimiento aunque sí con sabiduría. La devoción es uno de esos misterios imposibles de explicar, trasciende la lógica. La dicha nectárea del devoto no proviene de su conocimiento del Señor, sino desde lo que desconoce; así como las gopis que desconocen que Krishna es Dios, pero lo saben como el alma de sus vidas. 

El devoto muere tanto al sufrimiento como al placer, tanto al dolor como a la felicidad; apaga sus preferencias, predilecciones, inclinaciones y condicionamientos, así como a todas las ideas, conceptos y conclusiones que atentan contra el amor. En la misma medida en que aumenta su devoción, disminuye como ‘alguien’. La experiencia de la devoción es la de una gota desapareciendo en el mar. 
Devoción es morir a lo aparente para despertar a lo real; es perecer a lo efímero para renacer en lo verdadero. Es la expiración de lo personal y la evaporación de lo temporal, aparente, transitorio y perecedero dejando lugar a lo universal. Es el reconocimiento de lo eterno, permanente, inmortal, real y verdadero. Devoción es olvidar el pasado y el futuro, para descubrir el fresco amanecer del presente. Es dejar atrás lo que fue y debería ser, para ver lo que es. La devoción es morir en el tiempo y el espacio para renacer en lo eterno e infinito.
Al igual que el gusano de seda se transforma en mariposa, si amas intensamente, tu amor se convertirá en devoción. Cuando tu corazón se inunde de devoción, te sentirás impelido a adorar las estrellas, el océano, los árboles y las flores. Todo ser viviente te inspirará reverencia. Tu vida entera se transformará en una oración y cada exhalación en una única plegaria: «gracias». Cuando aquel divino fenómeno ocurra, te transformarás en una puerta a la existencia, un puente hacia el Todo.
Para finalizar, quisiera compartir contigo lo que considero uno de los más bellos monumentos devocionales: los ocho versos del Siksastakam de Caitanya:


trinad api sunichena
taror api sahishnuna
amanina manadena
kirtaniyah sada harih

Uno debe cantar el santo nombre del Señor en un estado mental humilde considerándose más bajo que la hojarasca de la calle, uno debe ser más tolerante que un árbol, estar desprovisto de todo sentimiento de vanidad y estar dispuesto a ofrecer pleno respeto a los demás. En tal estado mental, uno puede cantar el santo nombre del Señor constantemente.  

na dhanam na janam na sundarim
kavitam va jagad-isha kamaye
mama janmani janmanishvare
bhavatad bhaktir ahaituki twayi

¡Oh mi Señor!, no tengo ningún deseo de acumular riquezas, ni tampoco deseo bellas mujeres ni quiero ninguna cantidad de seguidores. Lo único que quiero es tu servicio devocional sin causa, nacimiento tras nacimiento.  

ayi nanda-tanuja kinkaram
patitam mam vishame bhavambudhau
kripaya tava pada-pankaja-
sthita-dhuli-sadrisham vichintaya

¡Oh hijo de Maharaja Nanda [Krishna]!, yo soy tu siervo eterno, pero de una u otra manera he caído en el océano del nacimiento de la muerte. Por favor, sácame de este océano de muerte y colócame como uno de los átomos de tus pies de loto.  

nayanam galad-ashru-dharaya
vadanam gadgada-ruddhaya gira
pulakair nichitam vapuh kada
tava nama-grahane bhavishyati

¡Oh, mi Señor! ¿Cuándo se adornarán mis ojos con lágrimas de amor fluyendo constantemente al cantar tu santo  nombre? ¿Cuándo se me ahogará la voz y se erizarán los vellos de mi cuerpo al recitar tu nombre? 

yugayitam nimeshena
chakshusha pravrishayitam
shunyayitam jagat sarvam
govinda-virahena me

¡Oh Govinda! Sintiendo tu separación considero que un momento es como doce años o más. Lágrimas fluyen de mis ojos como torrentes de lluvia y en tu ausencia me siento completamente solo en el mundo. 

ashlishya va pada-ratam pinashtu mam
adarshanan marma-hatam karotu va
yatha tatha va vidadhatu lampato
mat-prana-nathas tu sa eva naparah

No conozco a nadie más que a Krsna como mi señor y él lo seguirá siendo aunque me maltrate con su abrazo o me destroce el corazón al no estar presente ante mí. Él es completamente libre de hacer lo que quiera conmigo pues él es siempre mi Señor adorable sin ninguna condición.