Ego e individualidad

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Tu pregunta presupone que las diferencias entre las personas provienen del ego y que quienes lo trascienden deben exhibir cierta uniformidad. Nada más lejano de la realidad: la realización de nuestra auténtica naturaleza como nadeidad conlleva la disolución del yo, pero no de la individualidad.
Cuanto mayor es nuestro egoísmo, más nos asemejamos al resto de la humanidad. El ego se fabrica una producción masiva; carece de originalidad. Reacciona ante diversas situaciones siguiendo los mismos patrones de conducta adquiridos. Solo al disolvernos en lo trascendental, nuestra singularidad puede expresarse.
El ego es una ilusión o apariencia: cuanto más nos arraigamos a este, más nos desconectamos de la existencia. Al trascenderlo, morimos como una entidad falsa pero no cesa nuestra existencia. 
Cuando dejamos de vivir desde el yo limitado, nos enraizamos en nuestro auténtico ser.
La personalidad es un conjunto de reacciones repetitivas y automáticas. Es una colección de máscaras que cambiamos según la situación: disfraces que vestimos en diferentes circunstancias. Los adquirimos parodiando a nuestros padres, familia, vecinos, amigos, profesores, jefes, artistas favoritos y predicadores religiosos. 
La personalidad es solo el rol que interpretamos sobre el escenario de la sociedad; es una imitación, una expresión de nuestro condicionamiento y una exposición de lo adquirido a lo largo de la vida. Es solo una apariencia superficial que cubre nuestra autenticidad. 
Cuando el ‘yo soy’ egoico se disuelve, emerge una ‘seidad’ eterna. Esta cualidad de ser es vital, pura, fresca e inmaculada. La oscuridad de nuestra personalidad desaparece ante la luz de nuestra individualidad. 
Es imposible manifestar nuestra individualidad sin haber superado primero nuestro condicionamiento. La individualidad no proviene de la sociedad sino de las profundidades de la conciencia misma. Tal como su nombre lo indica, es indivisible e integral. Se manifiesta junto con la trascendencia del ego como una expresión de nuestra naturaleza intrínseca. Para acceder a ella, el autoconocimiento es imprescindible. Solo quien ha dejado de vivir desde la experiencia egoica puede ser único y original. 
El despertar de nuestra individualidad consiste en la cima de la realización. El ser iluminado se expresa a su manera y sigue su propio estilo; toca una melodía original y despliega su peculiar colorido. Aunque se refieran a la misma esencia, lo expresan de forma única. Cada uno alcanza la realidad única, pero comparte su experiencia con originalidad incomparable. Nunca caminará sobre este planeta otro Buda, Jesús, Krishna, Shankaracharya o Baal Shem Tov. Jamás veremos a alguien como ellos, porque su individualidad fue única, original, inigualable e irrepetible. 
Si bien es cierto que diferentes egos pueden aparentar cierta disparidad, esta nunca es absoluta. Incluso en sus diferencias, podemos ver similitudes. Por lo contrario, las diferencias entre seres iluminados son esenciales y sin precedentes. Encontramos una auténtica disimilitud entre un Caitanya bailando en las calles y un Buda sentado en silencio; entre un flautista como Krishna y un líder como Moisés. Seres que han logrado la unidad carecen de semejanzas entre sí y son inigualables. 
La realización de nuestra naturaleza original es muy diferente de lo que la gran mayoría puede creer. Quien logra trascender y disolverse en el vacío simplemente es. Pero su ser, es extremadamente singular, único, como nunca nadie fue o será. Lo que se disuelve o evapora es el ego; lo real permanece y se expresa como individualidad.
Los seres iluminados comparten un denominador común: la Verdad. Asimismo, cada mensaje posee un estilo propio: presenta un sendero peculiar que conduce hacia la eternidad. 
Los caminos hacia el infinito son diferentes, así que no te esfuerces por reconocer las similitudes. Aunque se refieren a la misma Verdad, son totalmente distintos. Si tratas de encontrar los parecidos entre la Torá y el Bhagavad-gita o entre el Corán y los Upanishads, concluirás que algunos de ellos son falsos. 
Al igual que diferentes colores forman una bella pintura, los senderos espirituales crean una maravillosa armonía; y es en dicha armonía donde todos se encuentran. Si escuchamos notas musicales fuera del contexto de la sinfonía, notaremos conflicto. Asimismo, si prestamos atención a un solo color, no podremos apreciar la pintura en su totalidad. Pero si nos atrevemos a observar la armonía creada por todas las individualidades, percibiremos la Verdad.