Es la responsabilidad un obstaculo para la libertad?

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Para responder a su pregunta, debemos comprender cuatro factores: la libertad, la responsabilidad, el control y la disciplina.
En general, la gente piensa que libertad es la capacidad de hacer lo que se nos plazca sin limitación de ninguna clase. Creemos que libertad implica poder elegir y tomar decisiones sin restricciones. Sin embargo, dicha idea ignora la responsabilidad que la libertad conlleva. Tal como dijera el escritor argentino Jorge Bucay: «El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede.» Bucay está en lo cierto; la libertad para tomar decisiones conscientes siempre viene acompañada de la responsabilidad. La libertad es responsabilidad y viceversa. Fue George Bernard Shaw quien dijera: «La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto.» La responsabilidad consiste en asumir conscientemente las consecuencias de nuestras elecciones. 
Debemos entender con claridad que una mente condicionada carece de libertad. Quizás sueña con ser libre, pero solo responde desde su condicionamiento. Sin embargo, libertad no consiste en responder a todas nuestras demandas mentales y emocionales indiscriminadamente. No en vano Jean-Jacques Rousseau dijo: « El hombre ha nacido libre, y en todas partes se halla entre cadenas.». Las ansias de emancipación se despiertan desde nuestra opresión. Pero no son de libertad, sino de escapar de las ataduras. Pensamos que si el elemento opresivo desaparece, seremos libres. Por lo tanto, nuestra atención se enfoca en las cadenas, en aquello de lo cual deseamos liberarnos, y no en la libertad en sí. 
Ahora, debemos comprender qué es la responsabilidad; la mayoría del público la vincula con el deber. Nos consideramos personas responsables si logramos cumplir con nuestras obligaciones con diligencia; asimismo, nos asignamos los resultados si fracasamos. Esta idea es incompleta y superficial. El significado más profundo del término responsabilidad, que proviene del latín responsum, es la capacidad de responder. Si vivimos como sonámbulos, no podemos responder con propiedad. 
Responsabilidad significa responder apropiadamente, con toda nuestra capacidad, a los acontecimientos de la vida. Si fuéramos responsables, no necesitaríamos leyes, juzgados ni policía. Pero ya que la sociedad está compuesta de personas inmaduras, todo gobierno tiene que recurrir al control para mantener el orden. Un nivel más elevado de conciencia nos permitiría responder adecuadamente a la vida y hacer del mundo, un paraíso.
Cada momento y situación constituye una llamada y requiere una respuesta que satisfaga las demandas de la vida. Lamentablemente, muchas invitaciones quedan sin responder porque no estamos presentes. Debido a nuestro condicionamiento, nos encontramos en el pasado y sus nostalgias, o en el futuro y sus esperanzas. Nos ausentamos del presente y de la realidad. Sufrimos por no poder responder de manera adecuada a las invitaciones de la vida. Nadie en el universo entero puede responder como solo nosotros lo haríamos. Pero para responder en nuestro propio estilo único, debemos trascender el condicionamiento y recuperar la facultad de oír. 
El término sánscrito śravaṇa significa ‘escuchar’. Escuchar con precisión requiere silencio, pues es imposible hablar y, a la vez, captar lo que el interlocutor transmite. Conforme se intensifica el silencio, se agudiza la atención. Śravaṇa requiere una quietud interior que más que ausencia de ruido, es silencio de ideas preconcebidas, conceptos, conclusiones y vacilaciones mentales. Ciertamente, el primer peldaño en el sendero espiritual corresponde al cultivo de la receptividad. Cultiva el escuchar: cuando tengas una duda relacionada con tu salud, escucha a tu cuerpo; cuando vaciles sobre la dirección que debes tomar en la vida, escucha con cuidado a la existencia en lo profundo de tu corazón. Quien cultiva el arte de escuchar alerta y receptivamente encuentra el silencio y la paz. Solo si estamos presentes de manera consciente en el ahora, la facultad de responder florecerá en nosotros. La responsabilidad interior nace desde nuestra sintonía con el presente. Responder de manera apropiada requiere estar a tono con el ahora.
La responsabilidad es disciplina. Al aprender algo respondemos y respondiendo, aprendemos. Para poder andar en bicicleta, por ejemplo, tenemos que aprender a responder. Si la bicicleta se va hacia la izquierda, nos equilibramos hacia la derecha, y viceversa. Con mucha atención, observación y presencia, respondemos a las diferentes situaciones que el proceso requiere. Resulta imposible separar la responsabilidad del aprendizaje. La responsabilidad es disciplina, el responder es aprender. 
Cuando notamos en nosotros inclinaciones inaceptables, indeseables e indecentes, tratamos de reprimirlas mediante el control. Sin embargo, la motivación de dicha resistencia continúa siendo una evaluación egoica basada en nuestras conveniencias personales. El fenómeno egoico será un ego controlado, pero ego al fin. Incluso nuestra ambición de libertad cae dentro de la misma categoría. Pero dicho control, o disciplina mal entendida, no nos ayuda a eliminar las nuestras inclinaciones, sino solo a reprimirlas. El control represivo nos endurece y crea conflicto entre ‘lo que soy’ y ‘lo que debería ser’; entre ‘lo que veo’ y ‘lo que debería ver’. Al ocultar nuestro conflicto interior, nos atrofiamos y perdemos agilidad. Nuestras inclinaciones indeseables continúan vivas moviéndose en su interior, pero reprimidas y cohibidas. 
«Todavía no eres libre, todavía buscas la libertad. Tu búsqueda te ha vuelto insomne y te ha desvelado demasiado. Quieres subir a la altura libre, tu alma tiene sed de estrellas. Pero también tus malos instintos tienen sed de libertad. Tus perros salvajes quieren libertad; ladran de placer en su cueva cuando tu espíritu se propone abrir todas las prisiones. Para mí eres todavía un prisionero que se imagina la libertad: ay, el alma de tales prisioneros se torna inteligente, pero también astuta y mala. El liberado del espíritu tiene que purificarse todavía. Muchos restos de cárcel y de moho quedan aún en él: su ojo tiene que volverse todavía puro.» Así habló Zaratustra por Friedrich Nietzsche
El control paraliza ciertas inclinaciones creando hábitos; transforma seres vivos en robots y destruye su inteligencia y creatividad. El control nos contrae; nos empuja a realizar determinadas acciones y profundiza nuestro condicionamiento. Obviamente, la libertad no puede adquirirse a través del control, porque no podemos ser libres desde el condicionamiento, ya sea positivo o negativo. Para acceder a la libertad y a la responsabilidad, necesitamos sensibilidad. Esta última no se cultiva a través del control, sino con la ayuda de la disciplina. Por lo tanto, es esencial separar los términos disciplina y control, que aunque nos suenen similares son diametralmente diferentes. 
La palabra disciplina proviene del término latín discipulus y esta a su vez, de discere o disco, que significa ‘quien aprende o presenta una disposición a aprender’. La gente relaciona disciplina con control, pero ambos son totalmente diferentes. El control consiste en una serie de leyes, reglas y regulaciones, mientras que la disciplina nace desde la comprensión y la conciencia. Muchos piensan que es necesario dominar la naturaleza animal, pero el control es también parte del fenómeno egoico. 
El control atenta contra nuestra naturaleza, mientras que la disciplina es espontánea y florece desde la conciencia. 
Seres libres, y por ende responsables, no necesitan control porque son conscientes de las necesidades propias y del prójimo. El inconsciente e irresponsable precisa ser controlado porque carece de la sensibilidad para responder a la existencia. Un ser consciente es disciplinado, pero está libre de control; vive despierto como una gaviota que vuela alto en plena libertad sin leyes ni reglas.  
Ahora examinemos la relación entre libertad, disciplina y responsabilidad. 
La disciplina, en su verdadero sentido, es aprendizaje; no en el sentido de acumular conocimiento o información, sino de percibir y observar lo que es, tal como es. Para aprender, es necesario liberarse por completo de toda información acumulada. De lo contrario, en lugar de observar lo que es tal como es, proyectaremos lo conocido sobre el objeto de aprendizaje. No observaremos la realidad, sino lo que percibimos de acuerdo con nuestro condicionamiento. Para aprender, la libertad de percibir y observar es imprescindible. Si queremos estudiarnos a nosotros mismos, debemos liberarnos de toda creencia, concepto o conclusión acerca de lo que somos. Dicho aprendizaje es responsabilidad, porque es la respuesta a la existencia. 
La sociedad confunde el control con la disciplina, porque controlando a gente inconsciente mantiene cierto orden. A diferencia de este orden impuesto, la disciplina revela la armonía de la vida. Tratar de controlar los pensamientos no nos ayudará a crear orden interior. Solo al observar nuestra actividad mental, la armonía interior puede ser descubierta.
Trascendiendo la memoria, podremos responder de una manera consciente. Desde lo conocido, nuestra reacción será siempre mecánica. Solo cuando nos liberamos de todo condicionamiento y respondemos al llamado de la existencia, actuamos responsablemente. Ser responsables es ser disciplinados. Un ser irresponsable debe ser motivado o empujado a través del control; solo un ser responsable puede aprender. 
No, querido amigo, la responsabilidad no constituye un obstáculo para tu libertad. La responsabilidad y la disciplina están implícitas en la libertad.