Es posible que la aceptacion de un maestro retrase mi iluminacion?

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Desde el momento mismo en que consultas, te estás convirtiendo en discípulo. La naturaleza del discipulado es averiguación. Krishna dice:

tad viddhi praṇipātena
paripraśnena sevayā
upadekṣyanti te jñānaṁ
jñāninas tattva-darśinaḥ
Tan solo trata de aprender la Verdad acudiendo a un maestro espiritual. Hazle preguntas de un modo sumiso y préstale servicio. Las almas autorrealizadas pueden impartirte conocimiento, porque han visto la verdad. (Bhagavad-gita, 4.34)
Paripraśnena significa ‘preguntas’. El cuestionamiento es, junto con el servicio o seva, uno de los pilares de la relación con el maestro. 
Mucha gente pregunta, pero el cuestionamiento que caracteriza al discípulo es de una naturaleza diferente. No interroga por curiosidad, sino porque sus dudas le disturban la rutina y le quitan el sueño; son vitales, asuntos de vida o muerte. La calidad de la pregunta dependerá de la búsqueda del interrogador y es parte de su proceso transformativo. Cuando cuestiona, corre el riesgo de que las respuestas le obliguen a efectuar profundos cambios, a aceptar situaciones desagradables o a renunciar a apegos. Las respuestas del gurú comprometen y pueden revolucionar nuestro mundo interior. 
Si buscas solo conocimiento intelectual acerca de mística, espiritualidad o religión, no es necesario aceptar un gurú; basta con asistir a una universidad y estudiar religiones comparadas o teología. Un maestro es necesario únicamente si buscas la realización. Solo entonces asumes un mayor compromiso con el proceso. El encuentro entre un discípulo y el gurú es el de una pregunta con la respuesta. El pedagogo ofrece respuestas, pero el maestro es la respuesta.
Es cierto que a lo largo de la historia unos pocos iluminados no necesitaron la guía de un maestro humano. Sin embargo, eso no significa que no fueron discípulos. Es posible iluminarse sin aceptar un maestro, pero no sin ser discípulo. Dichos virtuosos del espíritu, han sido grandes discípulos aunque hayan carecido de gurús. Digo virtuosos porque ellos no representan la norma sino la excepción, así como algunos genios de la música fueron capaces de componer música desde su niñez. Sin embargo, si no somos uno de ellos, no podremos prescindir de la ayuda de un maestro.
Si el maestro fuera un obstáculo para el despertar, todo aquel que carezca de uno ya estaría iluminado. Si usted no tiene un gurú que le impida la iluminación, ¿cómo es que no se ha iluminado aún? La mayoría de la gente no acepta un maestro espiritual, pero no porque no lo necesiten sino porque carecen de la capacidad de ser discípulos. Obviamente, el gurú implica un peligro vital para el ego. Ya que atenta contra la seguridad del fenómeno egoico, es lógico que el ego trate de defenderse diciendo que no es necesario, como un niño frente al dentista.
La relación maestro discípulo es eterna. Sin embargo, es un proceso que pasa por diferentes fases. Se asemeja a la relación con nuestros padres biológicos: cuando niños dependemos de su guía hasta para los más pequeños detalles como cuándo comer y a qué hora irnos a dormir. Pero a medida que vamos madurando, dicha relación evoluciona hacia nuevas etapas. Similarmente, nuestro padre espiritual puede transformarse en un obstáculo para el desarrollo, únicamente si no es trascendido a su debido momento. 
Si deseamos llegar a un lugar distante, es imprescindible abordar un tren; pero al arribar a nuestra destinación, debemos bajarnos. Quedarnos sentados dentro del tren sería un impedimento para lograr nuestra meta. En el momento oportuno, el maestro bendecirá gustoso a su discípulo. Si el discípulo permanece apegado a él, el obstáculo no es el gurú, sino la actitud equivocada del discípulo. Nada ni nadie puede demorar o impedir su realización, fuera de usted mismo.