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This topic contains 0 replies, has 0 voices, and was last updated by  Mukunda March 18, 2017 at 6:35 pm.

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  • #5544

     Querido Prabhuji, sobre qué autoridad basa sus enseñanzas?

    #5545
    La autoridad de mis palabras proviene de mí mismo, de lo que soy. Esta no procede de libros o de otros seres humanos, sino de una experiencia. En ciertas oportunidades, mis palabras concordarán con tus escrituras y en otras no. Lo que digo a veces armonizará con tus creencias y otras será diametralmente opuesto. Pero mis descripciones no precisan evidencias para ser válidas,  porque solo hablo acerca de lo que ocurre en el que habla. 
    Al fin de cuentas, toda autoridad proviene de nosotros mismos. Incluso si aceptamos las palabras de las escrituras como absolutas, somos nosotros quienes adjudicamos validez a nuestros bhagavad-gitas, vedas, biblias y coranes. 
    ¿Acaso no somos nosotros los que otorgamos supremacía a nuestros papas y rabinos? ¿Cómo puede el verso de una escritura determinar si estoy satisfecho? ¿Cómo puede alguien externo autorizar que estoy cansado? ¿Qué líder religioso puede decretar que estoy enamorado? Somos la única autoridad de nuestro mundo interno. 
    La religión institucionalizada predica sobre la supremacía de la autoridad externa; de esta manera, desautoriza a los creyentes y les impone la autoridad de sus escrituras y profetas. Sin embargo, la aceptación de una autoridad externa destruye toda búsqueda y, por ende, toda posibilidad de hallar, descubrir o revelar. La Verdad no puede ser adquirida de segunda mano a través de un intermediario externo. Es muy delicada y siempre se seca al traspasarla. Para realmente aprender, y no solo acumular conocimiento reciclado, es necesario prescindir de toda autoridad exterior.  Hablas autoritativamente cuando lo haces desde tu propia experiencia;  actúas con autenticidad, si tus acciones se originan en lo que realmente eres, en tu autenticidad.
    La Verdad no fluye a través de un repetidor de palabras o un declamador profesional. Millones de predicadores, instructores y eruditos van por el mundo relatando experiencias ajenas con ignorancia muy bien documentada. Una persona puede poseer una excelente memoria, pero dicha facultad no lo convierte en una autoridad. 
    La autoridad absoluta pertenece solamente a la Verdad, únicamente las palabras de quien es Verdad son realmente autoritativas. La realidad puede fluir en aquel que se ha vaciado y derramarse en las palabras de un Buda, un Jesús o un Kabir. Al no proceder de una mente, dichos discursos no pueden ser considerados ‘palabras’; se trata de alocuciones desde el plano trascendental a las palabras. 
    La prédica de Mahoma es autoritativa, no el mensaje de los musulmanes. El mensaje de Baal Shem Tov posee autoridad, no las palabras de un predicador judío. Las enseñanzas de Shankara derraman autoridad, no las de los pandits. Las palabras de Krishna son fidedignas, no las de los predicadores de los Hare Krishna. 
    Solo quien ha visto la Verdad puede hablar sobre ella. La luz fluye a través de un tattva darshinaha, o ‘un veedor de la Verdad’. 
     
    tad viddhi pranipatena
    pariprasnena sevaya
    upadeksyanti te jnanam
    jnaninas tattva-darsinah
     
    «Tan solo trata de aprender la Verdad acudiendo a un maestro espiritual. Hazle preguntas de un modo sumiso y préstale servicio. Las almas autorrealizadas pueden impartirte conocimiento, porque han visto la Verdad.»
    (Bhagavad-gita, 4.34) 
    No me opongo a la aceptación de un maestro iluminado, porque quien no se somete a la autoridad de la Verdad se entrega a la de la mente, y el ego toma inevitablemente el mando. La Verdad es infecciosa y es posible contagiarse al aproximarnos a un elemento infectado por esta. Esta no puede enseñada, sino transmitida… y la diferencia es inmensa. La enseñanza implica palabras; la transmisión ocurre en el silencio. La enseñanza es de la mente; la transmisión es del corazón.   
    Aunque aceptemos un gurú, somos nosotros quienes le conferimos la autoridad sobre nuestras vidas; si olvidamos esto, lo convertimos en una mera autoridad externa. La libertad de decidir proviene siempre de ti. Tal  como lo señala Krishna en el Bhagavad Gita:
     
    iti te jnanam akhyatam
    guhyad guhyataram maya
    vimrsyaitad asesena
    yathecchasi tatha kuru
     
    « Así pues, te he explicado un conocimiento aún más confidencial. Delibera bien acerca de esto, y luego haz lo que desees». 
    (Bhagavad Gita, 18.63)
    En realidad, al entregarte a un ser realizado, no aceptamos el mando de un complejo mente-cuerpo, sino de la Verdad que se expresa en dicho ser. El maestro ha dejado de ser alguien, de lo contrario, no puede ser maestro. La autoridad de quien ha realizado su autenticidad no es ajena a lo que somos; no puede ser considerada externa, no proviene su personalidad, sino de su proximidad a la Verdad. 
    La Verdad no puede ser enseñada pero puede ser develada. Esta no se encuentra en libros, cursos, retiros, conferencias u organizaciones, ni reside en la información acumulada a través de experiencias ajenas. La Verdad se revela al reconocer nuestro contenido mental y la conciencia. La revelación de la luz de la Verdad constituye el reconocimiento de nuestra realidad, de nuestra autenticidad original. 
    No es posible ordenar la Verdad a nuestra casa al igual que una pizza. No podemos hacer descender la cumbre del Himalaya a nuestro valle. Si deseamos tocar la cima, será imprescindible abandonar el valle y escalar la montaña. Nada ni nadie puede traer la realidad hasta nuestra ilusión; es necesario elevarnos por nosotros mismos hasta la Verdad.  
     
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