Puede ser mal utilizada la libertad?

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This topic contains 0 replies, has 0 voices, and was last updated by  Maverick March 31, 2017 at 8:45 am.

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    Querido Prabhuji, ¿puede la libertad ser mal utilizada?  

    #5568
    A diferencia de la esclavitud, la libertad puede ser mal utilizada. Se dice que errar es humano, por ende, todo ser humano puede utilizar su libertad de manera inadecuada. Por el contrario, es imposible darle un mal uso a la esclavitud. Al preso se le ha coartado toda posibilidad de elección. El esclavo no puede hacer un mal uso de su cautiverio. Cuando se priva la libertad, se impide la equivocación. La libertad conlleva la posibilidad de elección y, por ende, también la opción de emprender direcciones equivocadas. 

    Para Aristóteles, el ser humano es una criatura racional, pero su instinto es aún animal. Aunque posee uso de razón, comparte el deseo instintivo con el reino animal. Según Descartes, es la naturaleza la que persigue sus propias metas a través de los animales, que actúan de acuerdo con los dictados del instinto. Al igual que las bestias, gran parte de la conducta humana está motivada por exigencias instintivas. Sin embargo, solo los seres humanos tienen acceso a la libertad y, por ende, pueden usarla incorrectamente; su libertad conlleva responsabilidad moral. Ya lo dijera Jean-Paul Sartre en su famosa obra El existencialismo es un humanismo: «El hombre está condenado a ser libre». El filósofo francés se refiere a la libertad como inherente a la condición humana y al ser humano como responsable de su uso. La raza humana es la única especie capaz de ser libre y de mitigar, sublimar y trascender deseos. 

    Para Friedrich Nietzsche, el ser humano no es la meta final, sino solo una fase en el proceso hacia su grandeza; lo humano representa un puente evolutivo entre la bestia y el superhombre. 
    El hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el superhombre: una cuerda sobre un abismo […] La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso. (Así hablo Zaratustra)

    Nietzsche tiene razón porque, a diferencia de los animales, el ser humano no está acabado. La gallina nace como gallina y no puede cambiar su naturaleza. La vida del animal es un proceso terminado. Por su parte, el ser humano es un fenómeno ‘en construcción’. Consiste en un proceso entre lo bestial y lo divino, entre lo instintivo y lo trascendental. Va desde la inconciencia hasta la conciencia. Es una cuerda sobre un abismo al cual puede caerse si hace un mal uso de su libertad. Puede tocar fondo o alcanzar las divinas alturas; elevarse o degradarse; caer por debajo de la mente o trascenderla. 

    La particularidad del ser humano es que no nace terminado y programado. Comprender y aceptar esta libertad hace de nuestra vida un desafío para completarnos. 

    En la Biblia leemos: «Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”.» (Génesis 1:26). Pero muchos versículos declaran que Dios es único, por ejemplo: «… Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra; no hay otro.» (Deut.4:39). Entonces, ¿cómo un Dios único habla en plural? ¿Con quién habla Dios al decir ‘hagamos’? ¿Quién participa en la obra creativa? Si le digo a alguien ‘bailemos’, entenderá que lo invito a ser partícipe activo del baile. Cuando Dios dice ‘hagamos’, sin importar a quien se dirige, queda claro que se refiere a otro participante activo en su creación. En realidad, hablaba con el hombre, platicaba con Adán. Dios crea a toda criatura, pero a diferencia de los animales y el resto la creación, el hombre no es solo su labor. Se trata de una sociedad entre ambos. Al decir: ‘Hagamos al hombre’, está diciendo a Adán que mi creación, en realidad, es nuestra. Aunque yo te cree, es menester tuyo continuarte. Al completarte, estás siendo parte de la labor divina. El ser humano no es una creación finalizada, sino que es el arquitecto de su propio destino. Su esencia es libertad; negársela es arrebatarle su esencia.

    Por supuesto que existe la posibilidad de darle un mal uso a la libertad, porque los humanos podemos equivocarnos. La libertad implica que podemos tomar tanto decisiones correctas como incorrectas, acertadas o erradas. Si no pudiéramos elegir lo desacertado, no seríamos realmente libres. Por supuesto, descender tienta porque es siempre más fácil que subir. Bajar requiere menos esfuerzo y energía que escalar. 
     
    La libertad es un desafío que implica responsabilidad. El riesgo de equivocarnos intimida. Por eso, la mayoría opta por poner sus vidas en manos ajenas. Culpamos a otros por nuestras derrotas y fracasos. Reprochamos a nuestros padres por la manera en que nos criaron; y al maestro espiritual lo hacemos cargo de nuestra iluminación. Por miedo a cometer errores, vivimos de acuerdo con las leyes dictadas por un libro sagrado o por un gurú. Renunciamos a nuestra libertad para prevenir tomar decisiones equivocadas.
    Si no temiéramos aceptar la responsabilidad de nuestras vidas, la sociedad humana estaría plena de iluminados y veríamos a diario seres como Krishna, Jesús o Buda. Pero hemos sido amedrentados por siglos tanto por políticos como por líderes religiosos. Los primeros nos han asustado con la pobreza, el hambre y las guerras; los últimos, con sus infiernos. El miedo se ha cultivado con el fin de dominar a las masas y, por eso, los seres iluminados escasean. Mahatma Gandhi dijo: «No merece la pena tener libertad si no conlleva la libertad para equivocarse. Supera mi comprensión como los seres humanos, por muy experimentados y capaces que lleguen a ser, puede disfrutar en privar a otros seres humanos de ese precioso derecho.»

    La aceptación de la libertad no nos asegura no cometer errores, pero estos no serán considerados fracasos. Fue Karl Jung quien dijera lo siguiente: «De este modo, lo último que quisiera decir a cada uno de ustedes, amigos míos, es lo siguiente: realicen su vida de la mejor manera que puedan, incluso si está fundada en el error, pues la vida debe ser consumida, y a menudo se alcanza la verdad a través del error». En lugar de derrotas, las equivocaciones son consideradas parte integral de nuestro proceso evolutivo de aprendizaje. 

    Mi intención no es coartar la libertad de nadie, sino que ayudarles a comprenderla. Después de entender qué es la libertad, tomen sus propias decisiones. No teman a equivocarse, porque en vuestro largo proceso de desarrollo, los errores son tan importantes como los aciertos. Lo importante no es no caernos, sino entender nuestra lección. En la escuela de la vida, aprendemos tanto de nuestras derrotas como de nuestros triunfos.

     

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